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Miercoles 12 de Diciembre de 2018
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Politica
¡Piedra libre para Morales Solá!: apareció la foto que prueba su complicidad con la dictadura
El columnista estrella de La Nación, Joaquín Morales Solá, ante la acusación de su complicidad con la dictadura militar o de haber sido un allegado al ex general Antonio Domingo Bussi, en su Tucumán natal, se defendió con el argumento de que no hay fotos ni pruebas. En la edición de ayer el semanario K, Miradas al Sur, publicó la prueba que muchos en el ambiente periodístico esperaban: la foto atestigua que Morales Solá, como redactor especial del diario La Gaceta de Tucumán, tuvo un protagonismo inusual en el Operativo Independencia, que asoló la provincia, con centenares de torturados y miles de desaparecidos. Se denuncia que funcionarios tucumanos nombrados por él en notas periodísticas fueron, después del golpe de marzo del ’76, detenidos, torturados y muchos de ellos desaparecidos.

Noticia
Infoanpress.com adhiere de la campaña que sigilosamente se lanzó en el periodismo argentino para saber quién es quién en la profesión. Esa pátina de cultor de la democracia desde una falsa cultura nacional que ostentó Morales Solá durante mucho tiempo, finalmente se cayó. El periodista logró acallar las voces y denuncias que lo acusaban de cómplice de la dictadura militar, méritos que lo catapultaron a la redacción de Clarín, en 1977.

En la Noble Ernestina, libro del periodista y abogado Pablo Llonto, se cuenta el rol de Morales Solá en aquellos tiempos de plomo. En la redacción de Clarín había sido designado encargado de cubrir las notas relacionadas con los militares y sus partes oficiales y temas relacionados con ellos, el de los derechos humanos.

La nota en Miradas al Sur, que lleva la firma de su director, Eduardo Anguita, cuenta las peripecias del periodista tucumano durante su laboriosidad profesional en Tucumán, antes y después del desembarco del ex general Bussi. En Tucumán, en los corrillos periodísticos, los que perduraron en la profesión y fueron coetáneos del columnista que teme que “haya un muerto”, cuentan entre copas y copas que el ex general Bussi es su padrino político: fue quien lo recomendó para que se trasladara a la redacción de Clarín en Buenos Aires, diario del que ya era corresponsal desde la provincia. Dicen que el padre de Joaquín, también periodista, invertía muchas horas con el asesino Bussi.

Miradas al Sur cuenta que a fines de 1975, comenzó en la provincia el Operativo Independencia, a cargo de Acdel Vilas. La nota está ilustrada con una foto que fue celosamente guardada durante 35 años por quien la registró. Dos fuentes calificadas afirman que el edificio al que van a ingresar es la tenebrosa Escuelita de Famaillá, el principal centro de exterminio por entonces.

“Quedará en manos de los peritos de la Justicia Federal tucumana determinar con precisión qué hacía allí Morales Solá –en ese momento corresponsal de Clarín en la provincia– junto a un general confeso defensor de la tortura y la eliminación física de quienes consideraba sus enemigos”, dice Miradas al Sur.

En la misma edición, un periodista tucumano, quien conoce muy bien a Morales Solá, contó en una nota que ni bien llegó a Buenos Aires se contactó con el periodista libre e independiente para pedirle trabajo, dado que estaba desocupado, viviendo en una pensión son su esposa y una hijita recién nacida. 

Marcos Taire, de él se trata, recordó que en enero del ‘77 consiguió a través de Ricardo Kirschbaum el teléfono de Joaquín Morales Solá cuando ambos trabajaban en Clarín. Taire fue citado por Morales Solá en el bar Florida Garden, un conocido reducto frecuentado aún por servis y buchones de poca monta, ubicado en Paraguay y Florida. La primera cita lo dejó plantado. En la segunda, por precaución, Taire se quedó a prudente distancia del bar. A la hora señalada, en vez de Morales Solá, llegaron cinco Falcon y sus ocupantes irrumpieron en el bar. Taire, helado, se dio cuenta de lo que había pasado.

Dice el periodista textualmente en referencia a Joaquín Morales Solá: “… en un comentario firmado por él el 3 de diciembre de 1975, anticipa la posibilidad de que la provincia sea declarada “zona de emergencia militar”, que era lo que aparentemente buscaban las hordas de Vilas con los atentados. Es también significativo que, al referirse a la voladura del automóvil con siete personas en su interior, diga que fue “un inexplicable cuadro de horror”, que “esparció siete cadáveres en el lugar donde hace un año murieron, víctimas también del terrorismo, el capitán Humberto Viola y su hija”…”Morales Solá no se priva tampoco de consignar, como siempre, una versión: “En la esfera militar, al parecer, emergen las actitudes más críticas a la gestión del gobierno local” y “algunos deslizaron, inclusive, la versión de que dentro de la administración pública hay agentes de la sedición”.

Taire señala que “Poco más de tres meses después se produjo el golpe de Estado. Ese día decenas de funcionarios de la administración pública señalados por la nota de Morales Solá fueron secuestrados y torturados y muchos de ellos desaparecidos”.

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